

Nací en Bogotá el 22 de abril de 1996, como el primer hijo de un matrimonio católico profundamente enraizado en la fe. Fui bautizado en la Parroquia San Carlos Borromeo, ubicada en el barrio Villaluz, en 1996, y recibí mi primera comunión en la Parroquia Todos los Santos, en el barrio Ciudad Bachué, en 2008. En 2022, fui confirmado por Monseñor Francisco Nieto Sua en la Parroquia San Joaquín del barrio Las Ferias, lo cual profundizó aún más mi relación con Dios y mi pertenencia a la Iglesia.
Desde el año 2018, he sentido un llamado claro y profundo hacia el sacerdocio, un deseo que he ido cultivando con compromiso, oración constante y dedicación al servicio de la comunidad eclesial. A lo largo de estos años, he participado activamente en el acompañamiento pastoral, lo que me ha permitido vivir mi fe de manera auténtica y comprometida, compartiendo la gracia de Dios con quienes me rodean. Este camino me ha llevado a entender que la vocación sacerdotal es un instrumento de salvación, y por ello, considero fundamental una formación constante, tanto espiritual como litúrgica, para cumplir con este llamado.
Desde mi infancia, he tenido la fortuna de crecer en un entorno familiar profundamente religioso, donde la creencia en Dios ha sido el pilar fundamental de nuestra existencia. Mi madre, a través de su ejemplo, me enseñó la importancia de practicar la oración a diario, especialmente mediante la recitación del Santo Rosario y la Liturgia de las Horas. Estas actividades no solo moldearon mi vida espiritual, sino que me permitieron reconocer la cercanía de Dios en mi vida diaria y cultivar una relación personal y constante con Él.
Con el paso de los años, he recibido los sacramentos de la Iglesia—Bautismo, Eucaristía, Confirmación y Penitencia—los cuales no solo han robustecido mi fe, sino que también han abierto mis ojos a que el llamado divino es más que una simple invitación a creer; se trata de vivir en plenitud una relación con Él, dispuestos a responder con generosidad a su amor.
Mi participación en retiros y momentos de formación me facilitó un discernimiento más profundo sobre lo que Dios espera de mí. En la calma de la oración y el silencio, la voz de Dios me instaba a seguirle de una manera más comprometida, y fue en esos momentos donde percibí el primer eco de mi vocación al sacerdocio. Comencé a involucrarme de manera activa en la vida de la Iglesia, desempeñando funciones como acólito y proclamador de la Palabra. Estas labores me acercaron al misterio de la Eucaristía y al servicio litúrgico, y cada vivencia me demostró que el sacerdocio no es únicamente un ministerio, sino una vida completamente dedicada a Dios y a su comunidad.
He tenido la bendición de participar en diversas iniciativas de evangelización, como el blog Homilías para el Alma, Enredados en Cristo y acompañando a jóvenes en su camino de fe, junto al Pbro. Gregorius Bayer en la Orden de los Canónigos Regulares de la Santa Cruz. Estas experiencias de servicio me han permitido apreciar la belleza de proclamar el Evangelio y la fuerza de acompañar a otros en su encuentro con Cristo.
La guía de sacerdotes como los padres Gregorius Bayer, Fabio Giraldo y José Alirio Salgado ha sido crucial en mi proceso de discernimiento. Gracias a su vida sacerdotal, sus enseñanzas y su acompañamiento, he llegado a entender que el sacerdocio es una vocación que requiere una entrega completa, obediencia y amor. Gracias a ellos, he comprendido que la llamada al sacerdocio no es simplemente un anhelo personal, sino una respuesta a la invitación de Dios a vivir para Él y para los demás.
Mi vocación sacerdotal no ha surgido de forma repentina, sino de un proceso continuo de oración y meditación. En cada instante de servicio, en cada acto de adoración y en cada interacción con la comunidad, el Señor ha ido confirmando este llamado en lo más profundo de mi ser. Este anhelo de dedicarme plenamente a Él ha crecido con el tiempo, hasta transformarse en la certeza de que solo en el servicio a Dios y a la Iglesia hallar mi vida su verdadera plenitud.
Por esta razón, con plena confianza en la bondad divina, anhelo participar en el seminario con el propósito de enriquecer mi vínculo con Cristo, continuar en la búsqueda de mi vocación y prepararme para el servicio en la comunidad de creyentes a través del ministerio sacerdotal. Estoy listo para abrir mi corazón por completo a la voluntad de Dios y, si esa es su voluntad, dedicar mi vida con generosidad, amor y entrega al servicio del Evangelio.
Servicio de Acolitado
Proclamador de la Palabra
Apoyo en Programas de Formación y Medios Religiosos
Servicio Caritativo y Acción Comunitaria en el Ámbito Eclesiástico
Postulante a la vida religiosa